16 de diciembre de 2011

Quién es la militancia

Rosa Luxemburgo


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Intenté hacer una reflexión desde mi lugar. Yo no soy militante, defiendo varias banderas pero desde un lugar para mí excesivamente cómodo. Desearía encontrar un ámbito que me permita ejercer mi voluntad transformadora, o por lo menos la crítica constructiva. Intenté hacer lo más poético posible un tema por lo demás polémico hoy en día, donde se comienza a redefinir el lugar, papel o espíritu de la militancia, ya desde el kirchnerismo o el trotskismo, en fin desde la militancia política. Mi voluntad es además de recuperar todo lo bello que tiene la actividad y el pensar militante, desenmascarar a los que se dicen o creen militantes y terminan siendo simples conformistas simpatizantes. La militancia es y siempre fue sagrada, una vida a contracorriente que casi siempre desnuda verdades; una vida dedicada y necesariamente colectiva, pública y firme. Militante es el maoísta, el radical, el evangelista. Pero también lo es el hincha a muerte, el militante de derechos humanos, la feminista, el médico y la enfermera humanitarios, el gremialista y el piquetero. 

Cayo y Tiberio Graco


I – Quién es la militancia

La militancia es establecerse en la nostalgia del futuro.
La militancia son un cúmulo de símbolos complementarios e insolubles, la militancia mezcla cantitos y puteadas, rostros y denuncias, equipos de fútbol y marchas inolvidables. Fabrica simbologías y lucha para embellecerlas.
La militancia comprende etapas de composición complejas; pierde amigos y gana referentes. Comienza a frecuentar nuevos sitios, nuevos pensamientos, nuevos sujetos. Cuestiona y lamenta progresivamente a la vez que entiende lo que abandona sin dejar de pensar en la conquista. Y así reconoce su primer sacrificio, renunciando al individuo y perdiéndose en la calle.
La militancia debe, sobre todo, mirar. Establecerse en lo que mira, perderse en lo que ve y negar lo preexistente. Ver en los ojos de los demás, aún de los ciegos. Y ver en lo que ve simplemente todo lo que no se dice, aquello que no necesitada una ornamentada explicación sino una delicada atención. Y con ello, debe acumular furia, una impasible furia.
La militancia es furiosa porque entiende el mundo de otra manera.
La militancia furiosa debe ser tranquila; tranquila e incontrolable, severa e impasible. Convencida. Mientras más rabiosa, más serena será, y no dejará lugar a la duda.
Eso no quiere decir que la militancia no sea crítica. La militancia es necesariamente siempre crítica, crítica del mundo, es ese espacio entre lo real y lo impuesto. Es ese grito, ese dedo índice lleno de pensamiento que odia a la muerte, al hambre y al injusto. La crítica es solo un sistema de reflexión, pero militar es un sistema parcial de crítica orientado al pensar y al hacer.

Mariano Ferreyra

La militancia muere criticando. Porque la militancia es presente continuo, nunca acaba porque se apodera del cuerpo humano a modo de alma y sangre. No duerme mucho, pero cuando duerme sueña.
La militancia defiende y ofende, se reinventa y se premia. Porque es un ser vivo, y tiene sus grandes defectos y necesidades. Toma birra en la facultad, engulle choris en una plaza, hace ollas populares, se junta a tomar café barato en algún bar, toma mates en casa de un amigo opositor. La militancia cocina para los otros y se acuesta última, porque cuida del mundo antes de cambiarlo, para poder cambiarlo.
La militancia niega porque el mundo mismo la niega.
La militancia afirma porque se opone a la oposición.
La militancia no es partidaria, es solo un hálito de voluntad que se manifiesta de infinitas maneras en numerosos espacios.
La militancia no es virgen, nunca lo fue: vive entre el alcohol y el amor galante y no descansa verdaderamente en ningún lecho. El sexo de la militancia es malo, pero desesperado y cariñoso como el dulce de leche del churro.
La militancia siempre se ofende, pero siempre se ríe. Y siempre con buenas intenciones. No siempre es humilde, pero ama al humilde y odia al soberbio, cual espécimen bíblico.
Ama al apolítico y los chistes negros y los ácidos también. Mira cha cha cha o The Big Bang Theory, telenovelas mexicanas y ama a Alakrán.
La militancia se vanagloria de sus triunfos y minimiza sus derrotas. Aprende de sus tropiezos y enseña con su ganancia. Y cuando gana divide necesariamente aguas, sin odio pero sin pena. La militancia no tiene pena.

Jane Goodall

La militancia se alimenta de instinto, intuición. Yo diría que es puro instinto y maña.
La comprensión de la militancia no es histórica. Es forzosamente actual y continua, porque lucha a la vez que comprende.
La enseñanza de la militancia es simple y completa, pero debe aclarar siempre que deja resquicios y totaliza realidades. Porque la enseñanza es un proceso y no todos los que aprenden serán militantes. La militancia debe ser sincera.
La militancia tiene todas las religiones aunque no las profese, porque tiene que adaptarse y entender (ver y mirar) antes que imponer. El que impone desangra. Desangra tradiciones, personas, ideas o templos. La militancia no tiene apuro en imponerse.
Porque la militancia es paciente. Madura. Histérica y empática. Hermosa, idealista y humana. Y nada la puede cambiar salvo el poder, el dinero y el fanatismo (hasta los mejores caen). La militancia todavía es joven, como siempre fue. Es plural, es en plural y sincera, y tan imperfecta como se pueda; pero cuanto más se tropieza, más crece.

Alfredo Lorenzo Palacios

II – Sobre la militancia careta

Hay otra militancia. La hipócrita e irreflexiva. Esa que podés derrumbar con dos argumentos y medio. Esa no es la militancia.
Para empezar, el que tiene BlackBerry o celular de más de 400 pesos no es un militante. El militante no necesita usar wifi para comunicarse por facebook  o visitar wikipedia en cualquier lado. El militante manda mensajes para un asado, para averiguar direcciones o invitar a salir gente hot o no tanto.
El militante no se limita a dorar mitos o íconos paganos/religiosos o a hacer flamear banderas. El militante idolatra con hechos, no con simpatías. Se compromete y debe admitir críticas y errores desde una posición sólida. No puede contestar “lo vas a votar a ese??” o “yo pienso distinto” o “aguante tal porque sí”; ni entonar cantitos en fiestas para demostrar que se la re banca.
El militante no cobra. No lo acomodan en ningún puesto ni le retribuyen lo que hace. Porque lo que hace lo juzga natural, lo hace con el corazón, la mente y los huevos/ovarios, y si está donde está es porque se rompió el orto y se lo ganó. De entre sus pares, en una lucha y acuerdo entre iguales. Los acomodaditos no son militantes, son pelotudos, vagos y nenes de mamá. Taraditos.

Toussaint Louverture

El militante estudia. Lo que sea y como sea. No tiene por qué ser un universitario ni estudiar historia, química, o hacer un profesorado. Se ilustra de cualquier manera, sacándole agua a las piedras, porque aprende de todo y busca comprender siempre. El que no lee el diario regularmente nunca militó, ni siquiera empezó a militar.
El miltante discute cara a cara, en internet, en clase, en la fiesta y en el partido, donde sea y donde pinte. No es una máquina de cantitos ni un expendedor de reproches. Tampoco se pasa la vida discutiendo o hablando; porque piensa seriamente, alterca seriamente. Aunque pierda, lo desestimen o no tenga argumentos. También sabe admitir errores.
El militante respeta o intenta respetar. Porque no se define ontológicamente “por oposición a” o negando al otro, porque el otro es igual a él pero en otro camino. No puede dejar de diferenciarse, pero debe construirse en base al otro, pensarlo y discriminar políticamente.
El militante debe intentar amar todo el arte, y no sacralizar ninguno. Ni el popular, ni el religioso, ni el masivo, ni el académico, ni el externo. Porque el arte es un ámbito de performación y lucha, y nunca se sabe qué saldrá de él.
El militante debe salir de joda. No es amargo. No hace falta que tome alcohol o salga a boliches. Debe socializar lo más que pueda, ver gente que aprecia o no tanto. Porque además así consigue sexo; el militante no debería ser frígido.

Cristina Elisabet Fernández de Kirchner

III - Al pensamiento crítico

Màs que una arenga, es un llamado de atención. En una discusión entre David Viñas y Cristina Fernández en el año 2000 la actual presidenta de la nación se diferenció de su interlocutor diciendo que ella era una militante, y que su deber era cambiar la realidad. Desde el pensamiento crítico Viñas se situaba en una posición cauta y pesimista, defensiva y contemplativa.
Nada sirve si no es crítico. Intelectualidad y política tienen una relación compleja pero necesaria. Intelectualidad hablando de manera amplia, porque al fin y al cabo la política trabaja en una fundidora de símbolos y conceptualizaciones que constantemente redefine (la figura del desaparecido con Néstor Kirchner, la Evita Capitana de los Montoneros, el Instituto Nacional de Revisionismo Històrico, etc.) y que es necesario pasar bajo el microscopio de una evaluaciòn no conciliadora, no complaciente.
Las teorías críticas nunca son complacientes. Theodor Adorno, Immanuel Kant, Luis Alberto Romero, John Berger, Karl Marx, son unos pocos de los miles críticos eternos y de los más hábiles y complejos que existen. Dentro del sistema dialéctico, ontológico, histórico o idealista buscaron interpretar la realidad y verla como un conjunto de actores y situaciones esencialmente lógicas; con gran habilidad llegaron a conclusiones más coherentes que la misma realidad.

Ramón Carrillo

Pero en algún momento el pensar crítico se choca o se queda corto con la vida. Se consume en la impotencia o el pesimismo de la manera más sana y loable posible, pero negativamente al fin. Se consuma en derrota y en augurio.
Llega a negar partes importantísimas de lo real, por sana omisión, odio clasista/académico o hartazgo. Y así Adorno se equivocó con la música popular, Kant con la universalidad del idealismo y el republicanismo, Romero con la excesiva importancia dotada a la mentalidad en lugar del acto y la acción política. Berger y Marx se equivocaron muy poco, esos no se tocan, eh. Es en ese momento en que el crítico debe recapacitar y lanzarse a la lucha política, ocupar tribunas. Como Slavoj Zizek, Thomas Jefferson, Domingo Sarmiento o Vladimir Uliánov. Los críticos que se quedan en sus casas solo se recuerdan en la Universidad.

Camila Antonia Amaranta Vallejo Dowling
Las fotos no expresan ningún orden de mérito o prioridad.
Comente los ejemplos de militantes que le gusten. Un besito en el pupo.

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